Hoy se pueden conseguir todo tipo de lentes sofisticados para cámaras modernas, con todo tipo de magia mecánica y electrónica para sacar mejores imágenes. Pero, ¿qué pasa si emparejas un lente vintage con una cámara moderna? Implica trabajo, como descubrió Mathieu, pero también entrega resultados interesantes.
El protagonista óptico es un lente de 100 años de edad, un Foth 50 mm f2.5 para ser preciso, originalmente usado con una cámara plegable de película. Lo consiguió en un mercado por 3 euros. Vale destacar que el lente no fue diseñado para cámaras modernas, así que carece de mecanismo de apertura y de enfoque. Mathieu tuvo que fabricar algo para montarlo en una Sony FX3.
¿Cómo se montó un lente sin apertura ni enfoque?
Un primer intento usó un adaptador de apertura de Amazon y un adaptador helicoide, pero hubo problemas de viñeteo por el posicionamiento del lente en este caso. Finalmente, Mathieu optó por un adaptador macro especial que le permitió controlar el enfoque y meter un filtro ND detrás del lente, compensando así la falta de apertura.
El cristal vintage no es el más nítido del mercado, pero ahí está justamente lo fantástico. El centro del cuadro queda enfocado, pero se desvanece suavemente hacia los bordes de la imagen, dando un efecto cinematográfico, casi onírico. El bokeh del fondo es particularmente encantador. Como lente de 3 euros, fue un acierto.
¿Por qué un lente vintage da una imagen distinta?
La óptica moderna persigue tres objetivos: nitidez uniforme, corrección cromática total y mínima distorsión. Los algoritmos de computación fotográfica del 2026 (incluso en cámaras Sony y Canon de gama media) corrigen lo que el cristal no logra. El precio que paga el fotógrafo es un look "demasiado limpio" que muchos directores cinematográficos rechazan deliberadamente con lentes anamórficos viejos o cristal con defectos calculados.
Un Foth 50 mm de los años 20 entrega exactamente lo opuesto: aberración esférica visible, viñeteo natural y caída suave de nitidez. En post-producción, replicar ese efecto digitalmente es posible pero costoso, mientras que en óptica el efecto es gratis y fotográfico.
¿Es replicable en Chile sin gastar mucho?
El proyecto es replicable en Chile con poca inversión. Lentes vintage de los años 30 a 60 abundan en ferias persa de Recoleta y mercados online por entre CLP 5.000 y CLP 30.000: sumar un cuerpo Sony E-mount o Fujifilm X de segunda mano, un adaptador helicoid M42 a E (CLP 15.000-25.000 en MercadoLibre) y filtros ND variables (CLP 15.000) deja un setup funcional bajo CLP 100.000. La curva de aprendizaje es pequeña: enfoque manual, exposición sin metering automático, paciencia.
Puedes adaptar prácticamente cualquier lente a cualquier cuerpo si te pones creativo con el cómo. Video tras el salto.
[Gracias a Stephen Walters por el dato.]




