El bloqueo que impide ampliar la RAM de los Raspberry Pi 4, Pi 5 y Compute Module se puede esquivar con una versión anterior del bootloader, explica una columna publicada en Hackaday el 22 de septiembre. Su autor lleva años siguiendo los cambios internos de estas placas. Hace tres años cubrió una ampliación de RAM en un Raspberry Pi 4, en la que cambiar un chip BGA por otro de más capacidad funcionó bastante bien.

Las cosas cambiaron. Hoy cuesta conseguir chips de RAM, módulos de memoria e incluso SSD con memoria incorporada, y conseguir placas Raspberry Pi también es difícil si no se sabe dónde buscar. En ese contexto apareció un video de tres minutos de Jeff Geerling. La Raspberry Pi Foundation publicó cambios en el bootloader, que es código binario cerrado, que limitan la posibilidad de ampliar la RAM.

El columnista supo del cambio el año pasado por rumores y no le pareció importante. Su conclusión es que no lo es, aunque mucha gente opine lo contrario.

¿Qué restringe exactamente el cambio?

La restricción afecta la ampliación del chip de RAM en el Pi 4, el Pi 5 y los Compute Module. No impide reemplazar el chip por otro del mismo tamaño, porque "bloquea los dispositivos a su tamaño de RAM original". O sea, no impide reparar la placa, aunque limita qué repuesto se puede usar.

La restricción se esquiva con facilidad. El bootloader vive en el chip de memoria flash SPI, que se puede volver a grabar por USB con la ROM de máscara integrada y rpiboot, y por ahora nada impide grabar versiones antiguas. Quien cambie el chip de RAM a mano solo tiene que volver a la última versión que funciona, la del 10 de septiembre de 2024, y la placa o el Compute Module funcionará con la memoria ampliada. Según el autor, quien sabe cambiar la RAM también sabe bajar la versión del bootloader.

Para el uso normal, un bootloader de hace dos años no cambia mucho. Desde el 10 de septiembre de 2024 hubo unas 15 versiones, y el columnista revisó sus notas. Funciones importantes como el arranque desde NVMe ya existían antes, así que lo que se pierde son algunas correcciones menores y ajustes para configuraciones de hardware poco comunes. Lo que sí le parece un problema es que las notas de la versión del 23 de septiembre de 2024 no mencionan la verificación del tamaño de RAM.

Los reportes muestran además que la placa arranca y funciona bien con algunos bootloaders más nuevos (sobre todo versiones de 2025). En otros casos, casi siempre con versiones de 2026 aunque no siempre, se niega a arrancar con un código de error 8 o 9 de la flash. El autor todavía no compara qué lo causa, y cree que quizás no haga falta volver tan atrás, aunque recomienda partir por la versión más antigua que se sabe que funciona.

¿Cuándo y por qué se hizo?

El cambio en el bootloader ocurrió hace casi exactamente dos años, entre el 10 y el 23 de septiembre de 2024. Fue un año y medio después de que Hackaday cubriera la primera ampliación de RAM de un Raspberry Pi.

La Raspberry Pi Foundation lo justifica así. Detectó revendedores que compraban Compute Modules con poca RAM y los ampliaban con memoria de origen y estabilidad desconocidos. El columnista agrega que esos revendedores cobraban un sobreprecio por puro negocio y le quitaban ventas a la fundación, que habría usado ese dinero en investigación y desarrollo. Eso crea incentivos perversos y riesgo para quien compra placas en línea, y la fundación decidió limitarlo sobre todo en beneficio de sus usuarios y, en opinión del autor, también en el suyo.

Quince reportes de placas "de 8 GB" que no arrancan

El autor no puede confirmar la justificación, pero buscó señales y dice que los cambios de RAM no declarados aparecen en todas partes. En 15 a 20 minutos encontró a quince personas distintas en GitHub reportando la falla (reportes 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 y 15).

Para una falla en hardware popular es un número alto, que sugiere al menos cientos de afectados. Ninguno hizo la ampliación por su cuenta con aire caliente y flux. Todos compraron, al parecer, una versión "de 8 GB" en AliExpress o Amazon. En al menos un caso, el vendedor le mintió al comprador y no admitió la ampliación, aunque era evidente.

Las cuentas del revendedor

Eso calza con lo que dice la fundación. Cuando se hizo el cambio, según recuerda el autor, un CM5 o CM4 de 2 GB costaba entre 30 y 40 dólares, uno de 8 GB rondaba los 100 dólares y el de 4 GB quedaba entre medio. Es un margen grande para alguien que invierte 20 minutos con una estación de aire caliente y ninguno de los costos de desarrollo de la fundación.

Para el columnista, dejar ese negocio sin freno es corrosivo. Quien equipa las placas con chips reciclados o de baja calidad no enfrenta ninguna consecuencia. Un tercero en Amazon o AliExpress que traspasa esos chips sin avisar a usuarios sin conocimientos técnicos convierte la compra en una apuesta sobre si el comprador notará las rarezas a tiempo para pedir el reembolso. Con placas de 100 a 200 dólares, y la obligación de devolver el producto que eso suele implicar, la respuesta casi siempre es no. Ahora, en cambio, el comprador descubre la manipulación casi de inmediato, porque las placas actualizan el firmware solas.

El autor agrega otro argumento. Este tipo de placa "ampliada" obliga al vendedor a ocultar lo que vende. El aviso no aparece en la publicación, no hay una etiqueta de "8 GB modificada", porque eso obligaría a bajar el precio o el margen. Así como no hay incentivo para usar un chip nuevo en vez de uno reciclado, tampoco lo hay para declarar la modificación.

¿Es raro en la fundación?

Jeff Geerling y otros dicen que la medida no calza con el estilo de la fundación. El columnista no está de acuerdo, y enumera antecedentes en los que Raspberry Pi limitó la modificación de sus placas apenas apareció un problema legal o de competencia.

  • Las cámaras Pi Camera, desde la v2, llevan EEPROM criptográficas para frenar los clones que se volvieron baratos y abundantes con la v1. Según recuerda, esa verificación está desactivada en las versiones para Compute Module.
  • La fundación sigue sin vender el PMIC MLX7704, que se quema al instante si se cortocircuitan por accidente los pines de 5 V y 3,3 V del conector GPIO, dos pines que están al borde de la placa.
  • Desde 2013 solo publica esquemáticos "reducidos", y ni siquiera esos existen para el Pi 5. Tampoco publicó los esquemáticos de la corrección del problema del USB-C del Pi 4, pese a haberlo prometido.
  • La mitad de los chips de una placa moderna son de proveedor único y exclusivos de la placa, como el PMIC.
  • El software es cerrado, desde el bootloader y el código de la GPU hasta los chips inalámbricos. El puerto JTAG siempre estuvo bloqueado y el bootloader va firmado criptográficamente, así que no se puede parchar para quitar la verificación de RAM.

El autor dice que podría sumar al menos cinco ejemplos más. Su punto es que quien buscaba en Raspberry Pi un hardware modificable a bajo nivel siempre tuvo razones para mirar a otra parte, porque esa nunca fue su ventaja.