Kinova celebró su 20° aniversario con el lanzamiento de KIMA, un brazo robótico desarrollado específicamente para entornos clínicos. La compañía con sede en Boisbriand (Quebec) sostiene que el equipo puede apoyar a los profesionales en un espectro amplio de aplicaciones, desde endoscopia y broncoscopia hasta intervenciones quirúrgicas complejas.
"KIMA representa un cambio en cómo deberían construirse los robots médicos. Diseñamos este brazo robótico específicamente para las realidades clínicas, aplicando estándares absolutos de calidad para abrir paso a tecnologías mejor alineadas con las necesidades de pacientes y profesionales", dijo François Boucher, vicepresidente de crecimiento estratégico de Kinova.
Fundada en 2006, Kinova es una desarrolladora global de robótica asistiva y colaborativa. Diseña, desarrolla y ensambla sus productos en Canadá y ofrece robots para uso médico, industrial y de investigación.
¿Por qué un brazo robótico nuevo para quirófanos?
Los pabellones y entornos clínicos suelen apoyarse en múltiples robots, dispositivos médicos avanzados y equipamiento que tiene que convivir en un espacio reducido. Kinova afirma que diseñó cada componente de KIMA optimizando volumen, peso y factor de forma para maximizar la eficiencia del espacio de trabajo.
A diferencia de la mayoría de los brazos robóticos quirúrgicos que se han adaptado desde plataformas industriales, KIMA fue diseñado desde cero para uso clínico. Integra de forma nativa software bajo la norma IEC 62304 Clase C y los estándares de seguridad ISO 14971. El brazo tiene una clase de carga útil de 3 kg (6,6 libras) y un peso bruto bajo los 13 kg (28,6 libras), lo que permite eliminar los gabinetes de control voluminosos que usan otras soluciones.
¿Qué hace distinto al hardware?
Cada articulación incluye sensores de torque redundantes y soporta funciones avanzadas de monitoreo diseñadas para entornos médicos. Esta arquitectura permite vigilar el rendimiento a nivel de cada joint y sostiene los requisitos de seguridad propios de la robótica clínica, según la empresa.
KIMA presenta una arquitectura abierta apoyada en el protocolo de comunicación EtherCAT y una biblioteca de control bajo un diseño controller-less, lo que habilita control directo e integración más simple con plataformas médicas existentes. Los instrument drives incluyen capacidades de pass-through tanto de energía como de I/O, facilitando la integración de instrumental quirúrgico y dispositivos médicos.
¿Quiénes son los partners de integración?
KIMA está respaldado por una red de aliados tecnológicos que incluye a QNX, RTI, MedAcuity, MPE y Acontis. Según Kinova, esa red apunta a minimizar la complejidad de integración. La plataforma modular permite a innovadores, desde startups hasta líderes globales de medtech, acelerar el desarrollo de soluciones clínicas avanzadas.
El año pasado, Kinova ya se había aliado con Bota Systems AG para reducir la brecha entre simulación y mundo real con sensado multimodal y acelerar el desarrollo de robots. Esa integración del manipulador Gen3 de Kinova con el sensor de fuerza-torque SensONE TS15 apunta a crear, en palabras de la empresa, "una solución potente y sin fricciones para experimentación".
"Lo importante no es el tamaño de los pasos que damos, sino la voluntad de seguir avanzando, un paso a la vez, en la misma dirección", dijo Charles Deguire, cofundador y CEO de Kinova.
¿Cómo se compara con los robots quirúrgicos existentes?
El mercado robotizado en cirugía sigue dominado por el da Vinci de Intuitive Surgical, con sistemas que rondan los USD 2 millones por unidad y costos por procedimiento que comprimen los márgenes para clínicas medianas. Frente a ese referente, los 13 kg de KIMA contrastan con torres robóticas que superan ampliamente los 200 kg y exigen instalación dedicada. La apuesta no es competir cabeza a cabeza con da Vinci en laparoscopia general, sino abrir el espacio de la endoscopia flexible y la broncoscopia donde la plataforma cerrada de Intuitive todavía no es estándar.
¿Qué cambia para clínicas en Chile y LatAm?
Para que KIMA aterrice en Chile, hace falta superar la barrera regulatoria: el Instituto de Salud Pública exige registro sanitario y pruebas en mock-up clínico antes del uso quirúrgico, un trámite que para equipos clase III suele tomar entre 9 y 18 meses. Una vez sorteada esa fase, la modularidad sobre EtherCAT habilita un canal interesante: integradores locales podrían armar bundles con el brazo más instrumentos de terceros (en lugar de pagar la torre completa al fabricante original), un modelo que ya funciona en el segmento industrial chileno con ABB y Universal Robots.




