Arduino empezó a despachar este mes las primeras unidades del VENTUNO Q, la placa que había presentado como "proyecto próximo" justo antes de Embedded World, en marzo. La preventa se abrió en agosto. Max Maxfield, columnista de EE Journal, conversó sobre la placa con Marcello Majonchi, director de producto de Arduino en Qualcomm, y lo contó en una columna publicada el 29 de septiembre.
De los recortes de diario a MAKE
Maxfield parte por la historia. A comienzos del siglo XX había una cultura de hacerlo uno mismo mucho más fuerte, y la gente armaba y reparaba sus cosas por su cuenta. Era una época de makers antes de que existiera la palabra. Su amigo Rick Curl le mostró una vez un álbum de recortes de su abuelo, lleno de proyectos de audio, radio, electricidad y mecánica sacados del diario local, en Birmingham, Alabama, entre las décadas de 1920 y 1930. Algunos eran sorprendentemente sofisticados y mezclaban mecánica, electromecánica y electrónica de tubos de vacío.
Lo que quiere mostrar Maxfield es que "la gente haciendo cosas" era tan común que esos proyectos salían en un diario normal. A comienzos de los años setenta, cuando él era niño, los quioscos estaban llenos de revistas para aficionados de todo tipo, muchas de electrónica y de proyectos caseros. Como recuerda en la serie de Steve Leibson sobre el auge y la caída de Heathkit, el televisor a color de 25 pulgadas para armar GR-2000 de Heathkit fue el primero en mostrar en pantalla el número del canal y la hora, y vendió 47.000 unidades en un año.
Después las cosas cambiaron. Se volvió más fácil comprar que armar y más barato reemplazar que reparar. Al llegar el nuevo milenio, la electrónica de aficionado y la computación casera parecían estar en las últimas. A comienzos de los 2000, Maxfield temía que una generación entera creciera sin conocer el gusto de construir algo con sus manos.
En 2005 salió el primer número de la revista MAKE>) y, el mismo año, la empresa de hardware y software abierto Arduino pasó al centro de la escena. Pronto aparecieron las Maker Faires y los makerspaces, y una generación nueva descubrió que fabricar cosas podía ser tan entretenido como comprarlas hechas.
Un Arduino Uno que cuenta hasta los 100 años
Maxfield se formó en la época de los microprocesadores de 8 bits y adoptó el Arduino Uno de 8 bits sin esfuerzo. Todavía le gusta el desafío de trabajar con sus límites, un reloj de 16 MHz y apenas 2 KB de RAM, y la mayoría de sus proyectos personales siguen basados en el Arduino Uno R3.
Su proyecto actual, el Chronological Contraption, cuenta el tiempo que falta para la celebración de sus 100 años. Usa 14 tubos de pantalla fluorescente de vacío (VFD) para mostrar los años, meses, días, horas, minutos y segundos restantes, y lo encendió por primera vez un día antes de escribir la columna.
Primera prueba del Chronological Contraption (fuente: Max Maxfield)
Bajo cada tubo hay un LED RGB direccionable de forma individual, que le permitirá crear efectos de color. En la foto todos brillan en amarillo, pero se pueden controlar por separado. Un Arduino Uno, visible en la esquina superior izquierda de la imagen, controla todo el conjunto.
Del UNO R4 al UNO Q
Desde esos primeros años Arduino lanzó una cantidad enorme de placas de todas las formas y tamaños, con procesadores de 32 bits, relojes rápidos y mucha más memoria flash y SRAM. Aun así, la empresa vuelve una y otra vez al nombre y al formato con que empezó todo, el Arduino Uno.
En junio de 2023, por ejemplo, presentó el Arduino UNO R4 y el Arduino UNO R4 WiFi. Conservaban la huella de su antecesor, pero cambiaban el procesador AVR de 8 bits del R3 por un Renesas RA4M1 de 32 bits con núcleo Arm Cortex-M4 a 48 MHz. La SRAM pasó de 2 KB a 32 KB y la flash de 32 KB a 256 KB.
En octubre de 2025 Arduino presentó el UNO Q, que era otra cosa. Además de un microcontrolador tradicional para controlar el mundo físico, trae un microprocesador capaz de correr Linux completo, con aceleración por hardware para gráficos, visión e IA. El mismo día del anuncio del UNO Q, el 7 de octubre de 2025, Qualcomm informó que había acordado comprar Arduino. La operación se cerró a fines de ese mes.
¿Qué son las tres etapas de Arduino según Qualcomm?
Majonchi ve la historia de Arduino en tres etapas. La primera, desde el proyecto original de 2005, fue democratizar la electrónica y la computación. La segunda, que ubica más o menos a mediados de la década de 2010, sumó la conectividad y el internet de las cosas (IoT). Ahora, dice, empezó la tercera, que es democratizar la inteligencia artificial en el borde.
El hilo común es tomar la tecnología compleja que está transformando la industria en cada momento y ponerla al alcance de la mayor cantidad posible de desarrolladores. En esta etapa esa tecnología es la computación de alto rendimiento y la aceleración neuronal en el borde. Según Majonchi, la relación de Arduino con Qualcomm empezó justamente por las ganas de llevar esas capacidades a un público mucho más amplio.
Dos cerebros que se hablan por RPC
El primer paso de esa tercera etapa fue el UNO Q, en 2025. Con él Arduino estrenó lo que llama "arquitectura de doble cerebro", que junta en la misma plataforma un microprocesador (MPU), del estilo de una Raspberry Pi, con un microcontrolador (MCU), del estilo de un Arduino clásico. El MPU corre Linux y se encarga de las tareas de cómputo pesadas. El MCU maneja la interacción en tiempo real con el mundo físico.
Para Majonchi, ninguno de los dos es mejor que el otro. Sirven para cosas distintas. Los microcontroladores destacan en el cómputo determinista en tiempo real, o sea en tareas relativamente simples ejecutadas en momentos controlados con precisión, y por eso se usan en controladores lógicos programables (PLC), control de motores, actuadores y brazos robóticos. Los microprocesadores de uso general son buenos para correr sistemas operativos y cargas complejas de gráficos, redes, bases de datos e IA, pero no están optimizados para el control determinista en tiempo real.
Tener los dos en la misma placa abre otra pregunta, que es cómo se comunican. La respuesta de Arduino es la llamada a procedimiento remoto (RPC), y en su implementación funciona en ambos sentidos. Una aplicación en Python que corre en Linux puede llamar a una función del MCU, pasarle parámetros y recibir el resultado. Al revés, un sketch de Arduino en el MCU puede invocar funciones del lado Linux, incluido el arranque de contenedores. Así el desarrollador no tiene que inventar su propio protocolo para pasar mensajes entre los dos mundos.
¿Qué trae el VENTUNO Q?
El VENTUNO Q se parece poco por fuera a las placas UNO de antes, pero Maxfield lo ve como la filosofía UNO llevada a otro terreno. Mantiene el concepto de doble cerebro del UNO Q con todo subido de nivel.
En el lado de alto rendimiento lleva un procesador Qualcomm Dragonwing IQ8, con CPU de ocho núcleos, GPU y una unidad de procesamiento neuronal (NPU) que entrega hasta 40 TOPS densos de cómputo de IA. En el lado de tiempo real lleva un microcontrolador STM32H5.
A eso se suman memoria y almacenamiento en cantidad, redes de alta velocidad, interfaces de pantalla, varias entradas de cámara, USB, CAN-FD, conectores Arduino y compatibilidad con las expansiones de Raspberry Pi.
Según Majonchi, lo importante es lo que se puede hacer con la placa. El VENTUNO Q puede correr modelos de lenguaje (LLM) de tamaño considerable de forma completamente local, y puede procesar hasta tres flujos de video 4K en tiempo real. Eso permite, por ejemplo, seguir objetos a través de varias cámaras o montar visión artificial de 360 grados. Si se combina esa capacidad de percibir y razonar con un MCU que actúa sobre el entorno en tiempo real, aparecen aplicaciones nuevas.
La IA física
Ahí entra el concepto de IA física. Estamos acostumbrados a una IA que vive dentro del computador. Se le hace una pregunta, procesa un rato y responde con texto, una imagen u otra salida digital. La IA física suma otra dimensión. Un sistema usa sensores y cámaras para percibir su entorno, usa IA para entender lo que ve y decidir qué hacer, y después usa motores, actuadores y otros dispositivos para actuar sobre el mundo físico. La robótica es el ejemplo evidente, pero la automatización industrial y las máquinas autónomas también entran. En palabras de Majonchi, lo que se combina es percepción, cómputo de alto rendimiento y actuación en tiempo real.





