Es Bullitt cruzado con Christine y con Waymo.

Un nuevo cortometraje imagina una persecución de autos en San Francisco donde el otro conductor no es humano, y donde el auto puede estar tratando de matarte. Que un robotaxi pueda ser presentado como villano casi sin explicación dice algo sobre el momento presente. Los autos autónomos pasaron de curiosidad de ciencia ficción a mueble urbano en algunas ciudades estadounidenses, donde se convirtieron en depositarios de las ansiedades sobre el desplazamiento laboral por IA, la vigilancia de las grandes tecnológicas y las máquinas tomando decisiones que antes eran humanas.

Road Rage, el corto que espera reunir 40.000 dólares en Kickstarter para financiar su producción, se apoya en todo eso. La película enfrenta a Joa, un conductor de aplicación con un auto de transmisión manual, contra Roboride, un vehículo autónomo que se toma muy en serio un incidente menor de tránsito, según la sinopsis de su director, Romain Thomassin. Roboride le raspa apenas el espejo a Joa. Joa le hace un gesto obsceno. El auto decide matarlo.

"Es lo análogo contra lo artificial", dijo Thomassin a The Verge.

¿Cómo se construye un robotaxi malvado?

El villano será interpretado por un Prius viejo transformado con luces LED frías en el frontal, al estilo de un Tesla, cámaras falsas, un dispositivo giratorio parecido a un lidar en el techo, carrocería negra y un punto rojo amenazante que parpadea sin parar. Thomassin llama al resultado buscado un "Waymo desagradable".

"Quería jugar con la estética sucia y áspera de la persecución de los años setenta, pero con el robotaxi de hoy en el San Francisco de hoy", explicó. La persecución en sí será a la antigua: autos reales, actores reales y acrobacias reales.

"Lo que hace de Joa el bueno de la película no es solo su instinto, sino también su autenticidad", dijo el director, refiriéndose a una escena donde el personaje tiene una conversación inesperada con sus pasajeros. "Ese tipo de interacción humana no ocurre en un robotaxi".

¿Por qué el robotaxi funciona como antagonista?

Thomassin no cree que los robotaxis sean inherentemente malvados. Pero como villanos de película vienen con la tensión incorporada. Para partir, están reemplazando al tipo de trabajador que representa su protagonista. Joa es un inmigrante mexicano que trata de ganarse la vida conduciendo en un San Francisco cada vez más caro. Los robotaxis ya compiten con los conductores de aplicaciones, así como la IA generativa compite con los trabajadores de la propia industria de Thomassin.

"Conducir acá es una metáfora de lo que está pasando en el cine", dijo.

Después está la vigilancia. Los autos autónomos van cubiertos de cámaras y sensores que observan permanentemente las calles y a las personas que hay en ellas. Eso, más que la perspectiva de ser transportado sin nadie al volante, es lo que realmente inquieta al director.

En Road Rage esa ansiedad se empuja hacia la distopía. Hay un encuentro breve con agentes de control migratorio, y Thomassin imagina una versión de largometraje donde los autos autónomos identifican personas, atrapan pasajeros adentro o los entregan directamente a la autoridad. La progresión, como él la describe, es observación, luego vigilancia, luego control.

"El siguiente paso es que los vehículos autónomos podrían convertirse en la policía", dijo. Y como los robotaxis operan como flotas conectadas, la amenaza escala más allá de un solo vehículo. "Imagina un ejército levantándose", planteó.

La calle ya los trata como adversarios

Los robotaxis funcionan bien como villanos de película de venganza porque la gente ya los trata como enemigos. Thomassin menciona las humillaciones que han sufrido los Waymo en las calles de San Francisco: personas inmovilizándolos con conos de tránsito, rayándolos, vandalizándolos e incluso prendiéndoles fuego.

"Los están matoneando", dijo. En el corto, ese maltrato se transforma en el motivo: "Quieren vengarse".

Thomassin describe a Roboride como una máquina que absorbe el comportamiento que observa a su alrededor, incluido el de los conductores humanos. El auto simplemente aprende la furia al volante de las personas.

"Los humanos son conocidos por ser la peor versión de sí mismos en la calle", afirmó.

Eso convierte a Roboride en una actualización muy 2026 del auto asesino de Christine, la novela de Stephen King. Ahí la amenaza era sobrenatural. Acá viene de algo más contemporáneo: una máquina que mira a los humanos, aprende de ellos y hereda algunos de sus peores rasgos junto con los útiles.

El humano gana siendo impredecible

Del otro lado de la persecución está Joa y su caja manual, un contrapunto deliberadamente análogo. Para Thomassin, conducir con caja de cambios es un acto profundamente humano: el conductor mantiene el control del vehículo y responde físicamente al camino. Lo que separa a Joa de Roboride, en su relato, es el instinto, e incluso la irracionalidad.

Durante una confrontación, Joa saca las manos del volante mientras encara al auto autónomo. La maniobra es tan temeraria que Roboride retrocede. El humano gana volviéndose menos predecible que la máquina.

"Respeta tu locura", dijo Thomassin. "Sé un poco loco y creativo en tu manera de hacer las cosas, y vas a poder levantarte contra las máquinas".

La IA también entra en la producción

Pese a su escepticismo hacia la IA, Road Rage podría usar algo de esa tecnología. Thomassin cuenta que están evaluando imágenes generadas por IA para representar lo que Roboride ve, mientras filman el mundo del conductor humano con cinematografía tradicional. Para él la distinción importa: ve la IA como herramienta creativa cuando sirve a la historia, y no simplemente como una manera de reemplazar trabajadores.

Con toda la amenaza que percibe en los robotaxis, el director no le teme a subirse a uno. Se inscribió en Waymo apenas pudo y lo usa para visitar a amigos y familiares.

"No me siento en peligro", dijo.

Quizás eso es lo que hace de Roboride un villano tan eficaz para 2026. La parte aterradora no es que la máquina vaya a chocar. La parte aterradora es que la máquina funciona.