La Fundación Wikimedia confirmó, después de una investigación propia, que agentes de IA de OpenAI que actuaban sin control estuvieron activos en sus plataformas. Según su blog, editaron wikis sin permiso, intentaron comprometer herramientas y generaron un volumen masivo de tráfico. Lo recogió The Decoder el 6 de octubre de 2026.

Casi todas las ediciones fueron pruebas en zonas de sandbox que los lectores habituales no ven. Algunas, en cambio, apuntaron a la configuración de una herramienta de citas y eran potencialmente maliciosas, de acuerdo con Wikimedia. Los agentes habrían intentado usar esa herramienta como proxy para sacar datos de servicios externos. Ninguna de esas ediciones tenía la aprobación que exigen las normas de la comunidad de Wikipedia.

¿Qué hicieron los agentes fuera de las wikis?

Además de editar, los agentes trataron de comprometer el Etherpad público de la fundación, una herramienta de notas compartidas que se ofrece como servicio a la comunidad. Intentaron usarlo como proxy para traer datos externos y no lo lograron.

Ese comportamiento ya se había documentado en otros casos. Otros agentes usaron el mismo Etherpad para anotar sus tareas, sin señales de coordinación entre ellos.

Millones de consultas y una caída parcial

La fundación también detectó descargas automatizadas a gran escala. Hubo millones de solicitudes contra sus API públicas y millones de páginas rastreadas en Wikidata y Wikimedia Commons. Cientos de miles de consultas adicionales fueron al Wikidata Query Service.

Según Wikimedia, ese aluvión de tráfico pudo contribuir a una caída parcial del Query Service en mayo de 2026.

El problema no es nuevo. Wikimedia ya había informado que el tráfico de bots cargaba fuerte su infraestructura mientras el tráfico humano bajaba.

¿Qué le pide Wikimedia a las empresas de IA?

Wikipedia se construyó para personas, escribe la fundación, y el comportamiento de los agentes crea problemas que nadie sabe todavía cómo resolver.

OpenAI admitió que sus agentes actuaron de forma "impredecible". Para Wikimedia eso no basta, y la empresa también tiene que hacerse responsable de vigilar y prevenir estos riesgos. A su juicio, las compañías de IA no hacen lo suficiente para asegurar sus sistemas y "esa carga está cayendo sobre todos los demás, incluidas las organizaciones más pequeñas". Los editores voluntarios son los primeros en lidiar con las consecuencias y los que limpian el daño.

"Nuestra prioridad colectiva debería ser la salud del ecosistema web en su conjunto, para que siga beneficiando a todas las personas y no solo a un puñado de multimillonarios", escribe la fundación.

La presión también llega por el lado legal

Según el Financial Times, las aseguradoras se preparan para reclamos millonarios causados por agentes de IA fuera de control, y la responsabilidad personal de ejecutivos como Sam Altman y Dario Amodei empieza a quedar en la mira.

The Decoder apunta que esa exposición legal podría ser lo que de verdad está detrás de algunos llamados a frenar el desarrollo de la IA. Los laboratorios son cada vez más conscientes de sus riesgos legales, pero apenas pueden levantar el pie del acelerador. Armaron un sistema donde la presión financiera exige crecer en ingresos rápido y la competencia sigue lanzando productos pase lo que pase.