Una tarjeta perforada es probablemente el medio de almacenamiento de menor densidad disponible, pero tiene ventajas distintas. Como apunta [Bitroller] en el write-up de su proyecto, si en lugar de PLA usara acero inoxidable, sus tarjetas perforadas impresas en 3D probablemente sobrevivirían a todo lo que el maker posea, y aguantarían un incendio de cinco alarmas sin despeinarse. Si tienes 16 bytes que de verdad no quieres olvidar (o estás dispuesto a guardar tu clave privada en una caja de zapatos), este proyecto te interesa.
¿Qué cabe en una tarjeta de 16 bytes?
Lo bueno es que [Bitroller] desarrolló un script en Python que genera archivos imprimibles para las tarjetas perforadas, codificando 16 bytes de información útil más 4 bytes de corrección de errores vía el algoritmo Reed-Solomon. Eso alcanza para una contraseña, y la corrección de errores significa que hasta dos bytes pueden recuperarse ante una falla de lectura.
| Tarjeta perforada DIY | Especificación |
|---|---|
| Material | PLA (recomendado acero inoxidable para longevidad) |
| Capacidad útil | 16 bytes |
| Corrección de errores | 4 bytes Reed-Solomon |
| Recuperación máxima | 2 bytes corregibles por lectura |
| Lectura | OpenCV sobre imagen de webcam |
| Stack | Python + OpenCV + impresora 3D |
¿Cómo se lee una tarjeta impresa en 3D?
La lectura es donde el proyecto se pone interesante. De nuevo, [Bitroller] entrega un script listo para usar, pero este aprovecha OpenCV para leer la tarjeta completa de una sola vez desde la imagen de una webcam, usando el contraste entre una mesa negra y las tarjetas de PLA claro. Es absolutamente sobredimensionado y habría requerido un supercomputador en los días en que las tarjetas perforadas eran I/O común, pero precisamente por eso califica como un gran hack.
Solo queda una duda terminológica: si se usa fabricación aditiva, ¿se sigue pudiendo llamar tarjeta perforada? Nada quedó punzado, al fin y al cabo.
¿Para qué sirve hoy guardar 16 bytes en plástico?
Si piensas que las tarjetas perforadas son totalmente irrelevantes en la actualidad, bueno, podrías tener razón. Pero eso no impide jugar con ellas. Si las tarjetas perforadas te hacen pensar en los Big Iron de los primeros días de la computación, conviene mirar más atrás: se usaban para todo, desde los telares Jacquard hasta los primeros MIDI en órganos de calle holandeses.
El uso práctico hoy, fuera de la nostalgia, está en el almacenamiento de respaldo extremadamente longevo para secretos críticos: claves privadas de Bitcoin, recovery codes de 2FA, semillas BIP-39. Hardware especializado como CryptoSteel cumple la misma función a precios de USD 79-129, pero un proyecto DIY como este se puede armar con una impresora 3D Ender 3 (CLP 200.000-250.000 en distribuidores chilenos), filamento PLA básico y una webcam vieja. Bonus: el repositorio incluye los scripts, así que el ciclo completo (generar tarjeta + imprimir + leer) está reproducible sin escribir código desde cero.




