Algunas municipalidades instalan contadores de bicicletas en sus ciclovías para monitorear el tránsito. Un experimentador identificado en línea como nullpxl investigó recientemente cómo funcionan estos contadores y exploró métodos para engañarlos haciéndoles creer que pasó una bici.

La gran mayoría de estos dispositivos se construye con sensores de bucle inductivo. La idea es pasar corriente por un loop de cable enterrado en el suelo. Cuando un objeto conductor (como la rueda metálica de una bicicleta) atraviesa el campo eléctrico, se generan corrientes parásitas en el objeto que crean su propio campo magnético, el cual reacciona con el campo del loop. Esa interacción produce un cambio en la inductancia que se puede medir y usar para registrar cuántas veces un objeto conductor pasó sobre el sensor. Al analizar la firma del cambio inductivo, el sistema se afina para detectar objetos específicos: por ejemplo, dos ruedas de bicicleta pasando sobre el sensor generan una señal con un patrón temporal característico.

¿Cómo se engaña un sensor inductivo?

nullpxl primero intentó recrear la firma de una bici corriendo sobre la zona con dos sartenes de metal. La aproximación no fue suficiente, así que pasó a la siguiente idea. Experimentos con una bici descartada indicaron que había una compuerta de velocidad involucrada y que, si rodaba una rueda hacia adelante y de vuelta, el sensor podía interpretar que había pasado una bicicleta completa. Eventualmente, nullpxl destiló todo ese aprendizaje en lo que llamó the BIKE BASKET: simplemente una bolsa con una rueda de bicicleta adentro. Basta con balancearla dos veces sobre el sensor para que el contador suba.

¿Se puede sacar plata engañando al contador municipal promedio de la ciudad? Lo dudamos, salvo que la Gran Industria de la Bicicleta esté volviéndose cada vez más sucia en sus esfuerzos de lobby. En cualquier caso, en Hackaday les tienen cariño a estos hacks raros sobre sensores.

¿Por qué importa el experimento para quien hace DIY?

Más allá del gag, el experimento ilustra un punto que conviene tener presente cuando se diseñan sistemas de telemetría: los sensores de bucle inductivo son baratos, robustos y están bien documentados, pero su umbral de detección depende de un perfil de inductancia que se puede caracterizar (y replicar) con poco equipo. Para quien quiera reproducir el ejercicio con hardware accesible, basta con un microcontrolador como un ESP32 o un Raspberry Pi Pico, un loop de cable esmaltado y un circuito tanque LC sintonizado a algunos kHz. La frecuencia típica de oscilación de estos contadores ronda los 40-150 kHz y la profundidad de penetración del campo magnético cae con la raíz cuadrada de la frecuencia, lo que define qué tan abajo del pavimento llega la sensibilidad.

¿Y los sistemas más nuevos qué hacen?

Los semáforos inteligentes que se instalan hoy en Europa (especialmente Países Bajos) usan loops inductivos triples por carril para anticipar el flujo de tráfico, según describen comentarios de usuarios en la propia nota. Los contadores municipales más nuevos están migrando a cámaras dedicadas con visión por computadora, lo que mueve el problema del campo magnético al espacio óptico. La consecuencia práctica es directa: el Bike Basket funciona para contadores legacy de tipo inductivo, pero quedará obsoleto cuando las cámaras con detección visual reemplacen al cable enterrado.

Para municipalidades en Chile, donde Santiago ya pilotea conteo ciclista en algunas comunas del eje Mapocho, el experimento es una invitación a documentar el método de medición usado. Si se publica el dato bruto y la metodología, ese tipo de hallazgos los detecta cualquier ciudadano con curiosidad antes de que entren al cálculo de inversión en infraestructura.