El presidente estadounidense Donald Trump canceló la firma de una orden ejecutiva sobre seguridad de inteligencia artificial agendada para el jueves. Una serie de llamadas telefónicas de Elon Musk, Mark Zuckerberg y el exasesor de IA David Sacks inclinó la balanza, según múltiples reportes.
La Casa Blanca ya había enviado invitaciones a los jefes de las principales tecnológicas. Algunos ejecutivos estaban en camino a Washington, informó el Washington Post. Horas antes de la ceremonia, Trump canceló la firma en la Oficina Oval con el argumento de que no le gustaba el borrador y que no quería hacer nada que pudiera amenazar la ventaja de Estados Unidos en la carrera de IA con China.
¿Qué contenía la orden ejecutiva?
El borrador habría creado un sistema voluntario de evaluación. Las empresas de IA enviarían sus modelos frontera a agencias federales hasta 90 días antes del lanzamiento para que el gobierno los testeara en busca de capacidades peligrosas y vulnerabilidades, antes de que hackers o actores extranjeros las explotaran. La orden descartaba explícitamente cualquier licenciamiento o aprobación obligatoria por parte del gobierno.
El impulso surgió en respuesta a nuevos modelos como Mythos de Anthropic, capaz de encontrar y explotar de forma autónoma fallas de seguridad en código, según el Washington Post.
¿Quiénes llamaron a Trump y qué argumentaron?
La cancelación siguió a una ronda de llamadas entre la noche del miércoles y la mañana del jueves. El CEO de SpaceX Elon Musk, el fundador de Meta Mark Zuckerberg y el exasesor de IA y cripto David Sacks plantearon sus reparos directamente a Trump. Advirtieron que el sistema de revisión propuesto podía frenar el desarrollo de IA, según Washington Post y Politico.
Sacks cambia de bando a último minuto
Sacks había sido informado del borrador por el asesor científico Michael Kratsios, el secretario del staff Will Scharf y el director nacional cibernético Sean Cairncross. En primera instancia dijo que podía convivir con el texto. Luego, en la noche del miércoles, empezó a levantar preocupaciones de que el sistema voluntario terminara siendo obligatorio en la práctica y fuera abusado por futuras administraciones, reportó el Washington Post. La mañana del jueves llamó directamente a Trump sin avisar a nadie, ni siquiera a su propio equipo, y descarriló el operativo completo, contó Politico citando a un alto funcionario de la Casa Blanca.
¿Por qué la industria estaba dividida?
Un funcionario del gobierno le dijo a Axios que todo el esfuerzo era innecesario y solo algo que los llamados "doomers" querían. El término se usa despectivamente en círculos tech para describir voces que advierten sobre riesgos existenciales de sistemas avanzados de IA y empujan revisiones gubernamentales de seguridad.
La orden dividió incluso a la industria. El lobista de OpenAI Chris Lehane apoyó el texto en términos generales, según Politico. Otras empresas presionaron por reducir la ventana de revisión de 90 días a 14 días. El plan inicial de darle al Departamento del Tesoro un rol de liderazgo también generó ruido, ya que las revisiones de seguridad las suelen manejar CISA y NIST.
Contexto: la asimetría regulatoria global
Lo que cayó esta semana se suma a una historia de tropiezos regulatorios. Desde 2023, varios borradores legislativos sobre seguridad de IA frontera han naufragado en el Congreso estadounidense, y este es el primero que muere dentro del propio Ejecutivo antes de firmarse. En paralelo, la Unión Europea ya tiene el AI Act vigente con multas de hasta 35 millones de euros o 7% del revenue global, y China exige registro de modelos generativos en la Cyberspace Administration desde mediados de 2023.
Para América Latina, la asimetría regulatoria que preocupa al gobierno Trump tiene efectos prácticos. Mientras Estados Unidos posterga reglas, Chile, México y Brasil están escribiendo sus propias leyes de IA tomando como modelo el AI Act europeo (revisión humana obligatoria, transparencia algorítmica, derecho a explicación). El resultado probable es que las empresas chilenas que despliegan modelos como GPT, Claude o Llama deban cumplir requisitos europeos sin que la jurisdicción del modelo madre los exija.




