Borys Drozhak tiene una visión: un frente casi sin humanos, patrullado por drones voladores y robots terrestres, y monitoreado de forma continua por redes de sensores con inteligencia artificial. Y no es una fantasía. Los robotistas ucranianos han avanzado con fuerza en esa dirección en los últimos cuatro años. Vehículos terrestres controlados de forma remota, equipados con ametralladoras y lanzagranadas, ya patrullan la tierra de nadie que rodea el frente.

Drozhak es cofundador y director ejecutivo de RoverTech, fabricante del Zmyi, uno de los robots terrestres ucranianos más exitosos. Zmyi, "serpiente" en ucraniano, es un vehículo de 800 kilos, de 2,15 por 1,5 metros, con ruedas de 75 centímetros de diámetro. Viene en configuraciones para desminado, logística, combate de incendios, disparo de ametralladora o lanzamiento de granadas.

Según Drozhak, el Zmyi es un récord entre los robots terrestres ucranianos. Está diseñado para ser casi silencioso y emitir el menor calor posible, lo que lo ayuda a eludir los drones rusos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Como resultado, completa en promedio 57 misiones a través de la zona de muerte antes de ser destruido.

"Normalmente, un vehículo terrestre no tripulado dura unas siete misiones en el campo de batalla", dice Drozhak. "El Zmyi es bastante más grande y fuerte, y puede volver incluso si le destruyen dos de sus ruedas".

¿Por qué los robots reemplazan a los tanques?

Los UGV son el capítulo más reciente de la carrera militar-tecnológica que detonó la guerra en Ucrania. Decenas de startups ucranianas han desarrollado docenas de robots terrestres pequeños en tres años, reemplazando a los tanques y vehículos tripulados que antes cruzaban la zona de guerra. Cuestan unas pocas decenas de miles de dólares cada uno, frente a los millones de un tanque tradicional, y se pueden modificar en talleres de primera línea según la urgencia.

En abril, el presidente Volodímir Zelenski firmó una orden para que el gobierno adquiera 50.000 UGV para las fuerzas militares antes de fines de 2026. Es más del triple de lo que se compró en 2025, y un salto enorme frente a los 2.000 adquiridos en 2024, según el analista de defensa Marc C. Lange.

El auge responde directamente a la revolución que trajeron los drones aéreos. A medida que crecía su número y alcance, el campo de batalla se volvió transparente: hoy, cualquier cosa que entre en la zona de muerte recibe el impacto de un dron kamikaze en minutos.

"Cualquier formación blindada, cualquier vehículo de reabastecimiento y logística, y cualquier formación con tropas cerca del borde del área de batalla tiene entre segundos y unos pocos minutos antes de convertirse en polvo", dice Lange. "Los ucranianos estaban perdiendo conductores. Ese espacio es básicamente imposible de sobrevivir".

¿Qué tan lejos se controlan estos robots?

Oleg Fedoryshyn, jefe de investigación y diseño en DevDroid, otro desarrollador ucraniano destacado, señala que los robots terrestres pueden controlarse desde hasta 100 kilómetros de distancia usando conectividad Starlink, redes LTE o sistemas de radio militar en malla. Los UGV también pueden transportar drones de ataque, servir de repetidores de comunicación y esperar en posición hasta una semana sin recargar la batería.

"Es mejor que poner personas ahí", apunta Fedoryshyn. "Un tipo con una ametralladora es siempre el primer objetivo para el enemigo". Estima que los UGV podrían llegar a reducir entre un 30% y un 40% la cantidad de soldados necesarios en el frente.

Una guerra sin humanos en la zona de muerte

Drozhak es aún más ambicioso. Imagina una línea de frente enteramente automatizada, sostenida por sensores y sistemas que solo ocasionalmente reciben mantenimiento humano. El costo humano que hay detrás explica la urgencia: Ucrania, con una población previa a la guerra de unos 41 millones, ha perdido más de 150.000 combatientes desde 2022, según estimaciones del Center for Strategic and International Studies.

"Ya no habrá necesidad de empujar a la gente al campo de batalla", dice Drozhak. "Una vez que lo logremos en Ucrania, cualquier país con una economía decente podrá defenderse solo con tecnología".

No todos comparten ese optimismo. Samuel Bendett, analista de defensa de la consultora CNA, recuerda que muchos ejércitos ya miraban los UGV antes de 2022, pero eran más grandes y complejos. En su visión, el impacto de los robots terrestres en la guerra todavía no es tan profundo como el de los drones aéreos FPV, que democratizaron los ataques de corto y mediano alcance. "No todo terreno es apto para usar un UGV", explica. Por ahora, muchos menos países buscan integrarlos a sus operaciones de combate que en el caso de los drones voladores.