A primera vista, unos frenos inalámbricos parecen una receta para el desastre. Tratándose de algo tan crítico como frenar, muchos ciclistas preferirían una conexión física con el método que usan para controlar la velocidad de forma segura. Pero los sistemas de frenado electrónicos o inalámbricos tienen varias ventajas sorprendentes. Por un lado, habilitan sistemas como el ABS, el freno antibloqueo. Por otro, permiten eliminar el cableado o la hidráulica de la bicicleta. Por esas razones, y también por el puro gusto de hacerlo, el canal Berm Peak construyó un juego de frenos inalámbricos para su bicicleta fat bike para explorar las posibilidades.
¿Cómo funciona el sistema?
El sistema usa un conjunto de microcontroladores ESP32 para procesar las entradas de la maneta de freno y las salidas hacia los frenos delantero y trasero, además de una unidad central de control y una pantalla. Los frenos mismos se accionan con actuadores de cierre centralizado de automóvil que, combinados con los resortes de las mordazas originales, logran aplicar un rango amplio de fuerza de frenado sobre las ruedas.
Llegar a ese punto tomó bastante prototipado. Hubo que cambiar a mordazas de mejor calidad, aumentar el ángulo del actuador y agregar palancas más largas, hasta que finalmente empezó a aparecer un sistema de frenado funcional.
¿Qué gana un freno electrónico frente a uno hidráulico?
Reemplazar un sistema hidráulico por uno electrónico no es donde este tipo de proyecto realmente brilla. Berm Peak pudo incorporar una serie de funciones imposibles en los sistemas de frenado tradicionales.
El sistema no solo tiene ABS y la posibilidad de frenar a distancia las bicicletas de sus hijos mientras andan. También incluye un ecualizador de frenado que permite al ciclista controlar cuánta fuerza de freno se aplica en cada posición de la maneta, y otro ajuste llamado "derp" que directamente no acciona los frenos hasta que se pasa cierto umbral.
Esto podría terminar siendo la próxima gran tendencia del mountain bike, a diferencia de los neumáticos sin aire.
¿Qué tan lejos está esto de un producto comercial?
Conviene poner el proyecto en contexto. La transmisión inalámbrica ya es un producto de tienda desde hace una década: SRAM lanzó su grupo eTap sin cables en 2015 y hoy la familia AXS es estándar en gama alta. El freno, en cambio, sigue siendo cableado o hidráulico en toda la industria, y la razón es normativa antes que técnica.
La diferencia está en qué pasa cuando el enlace falla. Un cambio que no responde arruina una salida; un freno que no responde es otra cosa. Por eso el ESP32 es una elección razonable para un prototipo: su protocolo ESP-NOW opera en el orden de los milisegundos y no necesita router ni emparejamiento previo, muy por debajo del tiempo de reacción humana, que ronda los 200 a 250 milisegundos.
Para quien quiera replicarlo en la región, la lista de materiales es sorprendentemente accesible. Un par de placas ESP32 y actuadores de cierre centralizado recuperados de un desarmaduría cuestan una fracción de lo que vale un juego de frenos hidráulicos de gama media. Lo caro, como siempre en estos proyectos, es el tiempo de ajuste mecánico: mordazas, ángulos y palancas, que es exactamente donde Berm Peak dice haber gastado la mayor parte del esfuerzo.




