Las pequeñas y vistosas pantallas AMOLED son fáciles de conseguir hoy en día, y [Sophie D] demuestra que además son lo bastante delgadas y livianas para llevarlas puestas con OpenChoker, un diseño de collar tipo gargantilla que fue un éxito en DEF CON.

El collar consiste en una pantalla táctil AMOLED flanqueada por dos tiras cortas de LED RGB. Detrás de la pantalla está la placa, que contiene un RP2350 y una ranura para tarjeta micro SD como almacenamiento externo, y en la parte trasera del collar va una celda 18650 que alimenta todo el conjunto. La pantalla reproduce una animación llamativa que se genera sobre la marcha, mientras los LED destellan.

Detalle de la carcasa del OpenChoker
Detalle de la carcasa del OpenChoker

¿Qué aprendió su autora al construirlo?

[Sophie] comparte varias conclusiones interesantes del diseño y la construcción del aparato. Una es que el grueso del trabajo de diseño de la placa se fue en la interfaz con la pantalla, porque no logró encontrar ninguna huella de componente ni diseño de referencia existente. Así que si a alguien se le cruza una pantalla táctil Hello Lighting HL020E21-02 de 2,14 pulgadas y tiene ganas de usarla en un proyecto propio, conviene revisar el diseño de placa de [Sophie] en vez de partir desde cero.

La duración de la batería resultó más que suficiente para un aparato de este tipo. Una sola celda 18650 alimentó el collar sin problemas durante un tramo de 16 horas y la celda todavía medía unos robustos 3,7 V. Si bien una gargantilla luminosa usada en interiores no es la mejor candidata para la energía solar en wearables, resulta alentador que no haga falta un pack de baterías con cable.

Otro consejo a considerar tiene que ver con la sensibilidad táctil de la pantalla. En resumen: la pantalla capacitiva respondía perfecto cuando estaba conectada a un computador de desarrollo, pero al quedar montada y aislada en el collar respondía tan mal que era inútil. Eso no impidió que el resto del collar cumpliera su función, pero vale la pena tenerlo presente como algo a vigilar en un aparato así.

Hay un último misterio con el que se topó [Sophie]: a un día del plazo, el pegamento usado para fijar algunos cables terminó derritiendo el aislante y dejó el cobre al descubierto. No queda claro qué pasó ahí, pero al menos sirve de recordatorio de que la ley de Murphy siempre está lista para atacar cuando uno va contra el reloj.

¿Por qué el táctil falla al montarlo y no en el escritorio?

Este es el detalle más útil del reporte y merece una explicación, porque le pasa a cualquiera que monte un panel capacitivo en un objeto portátil. Una pantalla capacitiva mide variaciones diminutas de capacitancia entre el dedo y su matriz de electrodos. Esa medición necesita una referencia estable, y esa referencia suele ser la masa del sistema.

Conectado al computador de desarrollo, el circuito comparte tierra con una fuente grande y puesta a tierra a través del cable USB. Alimentado solo por una celda 18650 sobre el cuello de una persona, el sistema queda flotando: la referencia se vuelve pequeña e inestable, y la relación señal-ruido del táctil se desploma. Es el mismo motivo por el que muchos equipos a batería responden mejor al tocarlos con la otra mano apoyada en el chasis.

Las salidas habituales son tres: aumentar el plano de masa en la placa, agregar una zona conductora que acople el cuerpo del usuario a la tierra del circuito, o recalibrar los umbrales del controlador táctil con el equipo ya montado y no sobre el escritorio. Ninguna es cara, pero todas exigen probar en la condición real de uso.

El RP2350 en un wearable

La elección del RP2350 tiene sentido para este caso. El chip de Raspberry Pi aporta doble núcleo Cortex-M33 a 150 MHz, 520 KB de SRAM y, sobre todo, los bloques PIO que permiten manejar tiras de LED direccionables sin ocupar el procesador principal, algo clave cuando la CPU está generando una animación en tiempo real. Se consigue por unos USD 1,10 en volumen y tanto la placa Pico 2 como el chip suelto están disponibles con stock local en Chile.

Que el diseño completo esté publicado en GitLab bajo un repositorio abierto es lo que convierte esto en algo más que una anécdota de conferencia: el trabajo difícil, que fue interfazar esa pantalla sin documentación, queda hecho para el resto.