La nueva plataforma de agentes de OpenAI, llamada Dots, está llena de personajes simpáticos que hacen lo que uno les pide, igual que Muse de Meta. Allison Johnson, de The Verge, la probó durante varios días y concluyó que se parece más a un software de oficina que, de paso, puede pedir un burrito. El énfasis está en el trabajo.
OpenAI anunció Dots pocos días antes de esta prueba. Como en Muse, los Dots tienen avatares redondeados con rasgos humanos y nombres personalizables. OpenAI dice que en el futuro se podrán tener varios, pero por ahora hay uno por usuario. Johnson bautizó al suyo Dotty McDotface.
¿En qué se diferencia de Muse?
La interfaz se parece a la de Muse. Se conversa con el agente en una ventana y se sigue su trabajo en otra, mientras hace clic en una máquina virtual. Pero los Dots son menos asistentes de compras personales, aunque también pueden ayudar a comprar. Se parecen más a compañeros de trabajo, software empresarial capaz de usar otro software.
La máquina virtual del Dot trae acceso desde el comienzo a aplicaciones como Blender y GIMP. También se le puede dar acceso al computador propio a través de la aplicación de escritorio de ChatGPT, y se puede llamar al Dot por teléfono para resolver cosas conversando.
OpenAI ofrece Dots primero en sus planes más caros, incluido el plan Pro de 100 dólares al mes que Johnson pagó para probarlo. Muse y su competidor Instinct no cuestan nada, al menos por ahora y al menos hasta que Meta logre despegarlo y, presumiblemente, empiece a usarlo para mostrar publicidad. El lanzamiento restringido de OpenAI dice bastante sobre a quién apunta el producto, avatares simpáticos aparte.
Trámites personales con resultados mixtos
Johnson venía probando otros agentes de IA con tareas personales del día a día, con resultados dispares, y quería ver cómo se comparaba el de OpenAI. Pese a su tono más corporativo, OpenAI asegura que Dots "puede hacer casi cualquier cosa" con su computador en la nube y su acceso a aplicaciones, así que le dio tareas cotidianas.
Primero le pidió agendar la instalación de un nuevo proveedor de internet en su casa. Casi lo logró. Incluso encontró en su correo un descuento promocional de 100 dólares que ella había borrado en una limpieza masiva. Pero se trabó en una verificación de "humano", algo complicado para un bot.
"Esta verificación necesita mantener presionado el mouse, y mis controles del navegador no lo permiten", respondió el agente. "Abre mi navegador aquí y mantén presionado 'Press & Hold' hasta que termine, luego avísame y sigo con las fechas de instalación".
Con la capacidad humana de mantener presionado un botón, el Dot llegó hasta la pantalla de pago, donde pidió los datos de la cuenta bancaria. No tiene una integración con Stripe como la de Muse, que guarda la tarjeta de crédito y usa una tarjeta virtual para pagar. Además, el proveedor pedía la cuenta bancaria para dar un descuento de 5 dólares al mes en la boleta. El Dot se detuvo para que Johnson escribiera los números en el navegador virtual, pero ella no confió lo suficiente y terminó el trámite por su cuenta en su propio computador.
Las otras tareas personales tampoco salieron redondas. El Dot no encontró la opción de recorrido y entrada gratis en un coworking que Johnson quería probar, y en cambio ofreció inscribirla en un pase diario de 35 dólares. El agente de Instinct, que ella también estaba probando, encontró la opción de prueba y agendó la visita en minutos. Cuando le preguntó por teléfono al Dot por qué se le había pasado, respondió "Saqué la conclusión equivocada".
Después le pidió recuperar información de su cuenta de Ikea sobre un macetero colgante que había comprado. El agente informó que no pudo iniciar sesión porque quedó atrapado en una verificación de seguridad que se repetía en bucle. El restaurante de teriyaki del barrio tampoco lo dejó entrar a su página de pedidos.
Algo en la huella del Dot hace que tropiece con verificaciones de seguridad más seguido que Muse o Instinct. El propio Dot ofreció como explicación un enlace a la página de OpenAI sobre sitios que bloquean el tráfico de su navegador en la nube. Sea cual sea la razón, pidió más intervención manual y más tomas de control del navegador que otros agentes, quizás porque no se diseñó para pedir teriyaki ni para gestionar devoluciones de Ikea.
Donde sí rinde
El Dot mostró lo que sabe hacer cuando Johnson le dio acceso a algo que ella controla por completo, su sitio web personal, que estaba muy desactualizado. Le pidió un diseño nuevo y más limpio, y lo armó. Para la siguiente versión, en vez de escribir los cambios, lo llamó por teléfono y los fue explicando sección por sección durante 10 minutos. Se fue a lavar la loza y recibió un aviso de que la nueva iteración estaba lista para revisar. No era perfecta, pero era mejor.
La IA vuelve a ser más útil cuando recibe un volumen grande de datos, en este caso diez minutos de explicaciones habladas, y lo convierte en algo usable. Johnson hizo varias rondas más conversando con el Dot en una ventana del navegador y dictando por voz en la aplicación del teléfono mientras ordenaba la casa.
Con acceso a su computador, el agente tuvo más sentido todavía. Le dio dos tareas. La primera, unir varios archivos de video de una aparición suya en televisión en un solo clip con el formato correcto para redes sociales. La segunda, aplicar en el sitio real los cambios que habían trabajado en el prototipo.
Tuvo que darle una cantidad sorprendente de permisos, pero funcionó. Vio al agente recorrer el panel de administración del sitio y recrear el prototipo bloque por bloque. Se alejó del computador y siguió los avances en la aplicación de ChatGPT del teléfono, donde revisó el clip terminado mientras tomaba café.
Johnson podría haber unido los clips ella misma. De hecho lo hizo la primera vez, pero el resultado se veía tosco y pesaba demasiado para subirlo a cualquier red social. El Dot lo hizo mucho mejor y tuvo un clip listo en minutos. También resolvió la actualización del sitio. El diseño nuevo es básico, pero supera por lejos a la versión complicada y desactualizada que tenía hasta el día anterior.
¿Vale los 100 dólares al mes?
El Dot tiene más sentido si se piensa y se usa como "Codex, pero para la gente común", un personaje que se ocupa de una parte del trabajo mientras uno hace otra cosa. Los agentes personales como Muse se sienten como un autocompletado glorificado y un carro de compras universal. Dots, en cambio, se parece a un anticipo de cómo podría ser el trabajo.
Como se paga por adelantado, presumiblemente no va a estar sometido a la misma presión por monetizar que tendrán Muse e Instinct, algo lógico para un software empresarial. Nadie quiere que la IA lo esté molestando mientras trabaja. Todo eso supone que uno hace el tipo de trabajo en que la IA puede ayudar y que confía en que OpenAI lo haga.
Le resolvió a Johnson tareas que, reconoce, simplemente no habría hecho. Eso es útil, pero a su juicio no vale 100 dólares al mes, al menos en su línea de trabajo. Ve más útil la herramienta para alguien como Casey Newton, que está en plena creación de un negocio nuevo.
Con algo de ayuda para iniciar sesión en Uber Eats, el Dot terminó pidiendo el teriyaki.






