Orbital Compute, una empresa con sede en Los Ángeles, presentó a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos un plan para desplegar una constelación de 100.000 satélites que funcionarán como centros de datos orbitales dedicados a cargas de trabajo de inteligencia artificial. El objetivo agregado a plena escala son 10 gigawatts de cómputo.

El documento describe cargas de trabajo de inteligencia artificial en el espacio, sin depender de electricidad, terreno ni agua provenientes de infraestructura terrestre. La cifra de 10 GW ubica el proyecto en la misma banda que los megacampus actuales de Microsoft, Meta y Amazon en tierra firme, pero con un modelo energético completamente distinto.
¿Por qué mover cómputo a órbita?
Euwyn Poon, fundador y CEO de Orbital Compute, resume el argumento del filed a la FCC con una frase directa.
"La demanda de cómputo IA está sobrepasando lo que podemos construir razonablemente en tierra. Estamos cortos de energía, terreno y agua al mismo tiempo", afirmó Poon.
"El espacio resuelve las tres cosas. La luz solar es constante, el enfriamiento es gratis y no hay vecindario que perturbar. Creemos que la próxima generación de centros de datos no se construirá en el desierto: se construirá en órbita", agregó el ejecutivo en el comunicado oficial.
Los tres argumentos de Poon coinciden con las tres restricciones que están frenando hoy a los hyperscalers: potencia contratada, permisos ambientales por consumo de agua para refrigeración y ausencia de líneas de transmisión libres en las zonas donde queda terreno barato.
¿Cómo está diseñado cada satélite?

Orbital Compute existe desde 2016 y su plan técnico convierte cada satélite en un rack único de alta densidad, equivalente aproximadamente a ocho servidores actuales. Cada rack lo alimentan cerca de 100 kilowatts generados por paneles solares propios.
Las dimensiones son inusuales para un satélite comercial: cada nave se extiende unos 100 metros y pesa aproximadamente dos toneladas. Están diseñadas para operar en una órbita continuamente iluminada por el Sol, condición que elimina la necesidad de baterías masivas y aprovecha el frío del espacio para el rechazo térmico.
Al generar potencia desde el Sol y rechazar calor directamente al frío orbital, Orbital apunta a entregar cómputo IA escalable y de bajo costo sin las restricciones de terreno, agua y red eléctrica que acumulan los centros de datos terrestres.
¿Qué implica para la industria y para Chile?
Los números iniciales invitan al escepticismo saludable. 100.000 satélites de 2 toneladas cada uno suman 200.000 toneladas puestas en órbita, cifra que hoy nadie tiene capacidad de lanzar en tiempos razonables ni de manera económicamente viable. El costo actual de puesta en órbita ronda los USD 1.500 por kilogramo con Falcon Heavy en configuración óptima, lo que arroja un piso teórico de USD 300.000 millones solo en lanzamientos. La empresa no ha divulgado su plan de financiamiento ni el proveedor de lanzamiento previsto.
El otro cuello de botella es la comunicación con tierra. Un centro de datos de 10 GW mueve del orden de decenas de terabits por segundo en tráfico agregado. Los enlaces de bajada actuales de constelaciones comerciales están dos o tres órdenes de magnitud por debajo de lo requerido para inferencia interactiva desde una órbita cualquiera.
Para el ecosistema chileno la lectura es indirecta pero relevante. La radioastronomía en el Norte Grande ya coexiste con Starlink y otras megaconstelaciones. Sumar naves de 100 metros con paneles solares extendidos y comportamiento térmico agresivo abre una discusión regulatoria en la que Chile, por su rol como sede de ALMA y observatorios ópticos, seguramente va a estar involucrado.
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