Los modelos de IA generativa corren sobre chips llamados GPU, que dependen de pilas de memorias especializadas montadas junto al procesador. Para responder a la demanda creciente de memoria, Samsung está construyendo un enorme complejo de fabricación de semiconductores en Pyeongtaek, Corea del Sur. Tres fábricas ya operan las 24 horas y una cuarta está por entrar en servicio. La construcción de una quinta se detuvo en 2024, cuando cayó la demanda de chips de memoria, y se reanudó cuando el auge de la IA la disparó.

Así abre la crónica que MIT Technology Review publicó el 20 de octubre tras visitar el lugar.

Un lunes en la obra

Es poco antes del mediodía de un lunes y los trabajadores de la construcción salen en masa de las fábricas de Samsung en Pyeongtaek, una ciudad agrícola al sur de Seúl donde los arrozales colindan con un complejo de fabricación de chips que se extiende por kilómetros. Miles de trabajadores, vestidos de negro de pies a cabeza con chalecos celestes, se sacan los cascos que llevan escritos sus nombres y el número de la fábrica en que trabajan.

Caminan a almorzar sudados y acalorados, con zapatillas gruesas reforzadas con punteras de goma amarilla. Algunos se suben a scooters o motos para moverse por el recinto, que ocupa una superficie parecida a la del Central Park de Nueva York. Comerán en bufés, picadas y locales de estofado de vacuno, pasando junto a letreros que ofrecen arriendos cortos de departamentos de un ambiente. Algunos entran a corredoras de propiedades a preguntar, en los mismos mesones donde los ingenieros contratados de Samsung compran casas nuevas.

Frente a la cuarta fábrica, la periodista conoce a Choi Hye-rin, una prevencionista de riesgos de 35 años, mientras se seca la frente con un pañuelo. Al amanecer subió a uno de los buses de acercamiento que traen a los trabajadores desde Songtan, un barrio más antiguo y modesto. Supervisa la seguridad de una cuadrilla que construye ductos para cables. Escribe informes, revisa equipos y controla los químicos que manipulan los trabajadores. Es una de los cientos de mujeres que trabajan en la obra, muchas de ellas como señaleras que caminan delante de la maquinaria pesada.

La seguridad como consigna

La seguridad es un tema serio en el lugar. Después del almuerzo la construcción se retoma de inmediato. Las excavadoras pasan junto a estructuras de acero rojo óxido que suben bajo grúas torre. En las vigas más altas cuelgan lienzos que dicen "Aunque el trabajo se atrase, no te apures". Un marcador LED gigante anuncia a los ganadores de un concurso de poemas sobre seguridad. Sobre los casilleros descansan cascos con una calcomanía que lleva un compromiso, "No trabajaré si no es seguro". Al otro lado de la calle brillan las fábricas ya terminadas.

¿Por qué tanta prisa?

Junto a los mensajes de precaución, en el aire se siente la urgencia. Samsung prevé que la demanda de chips de memoria seguirá en alza hasta 2028. Durante años, la empresa vio cómo su rival local SK Hynix tomaba la delantera en el mercado mundial de las memorias de alto ancho de banda que alimentan los aceleradores de IA de Nvidia. En paralelo, la taiwanesa TSMC domina el negocio de fundición, es decir, la fabricación de chips que diseñan otras empresas.

La ampliación de Pyeongtaek es el intento de Samsung por recuperar el liderazgo en chips de memoria.

Lo que gana una trabajadora

Aunque el calor puede ser brutal y las zonas de trabajo están llenas de gente, Hye-rin no piensa irse.

"La tarifa aquí es más alta que en otras obras, y el trabajo es relativamente fácil", dice.

Gana 140.000 wones al día, unos 97 dólares, y espera que el auge la mantenga ocupada por un buen tiempo. "Uno simplemente sigue volviendo."