Bambu Lab lanzó el R1, su primera máquina de corte láser dedicada, después de años dominando el mercado de impresión 3D de consumo. El empujón hacia el mercado láser había partido con el modelo H2D Laser, que trae un módulo de diodo azul. En Hackster probaron el R1 durante un par de semanas y la conclusión queda partida en dos. El hardware responde y el software se queda corto.

El Bambu Lab R1 es una cortadora y grabadora láser dedicada, y no hace nada más. Monta un tubo láser de CO2 de 55 vatios, dirigido al material por un sistema de espejos, que es el montaje estándar de una máquina de CO2.

El tamaño es bastante típico para una máquina de escritorio, con un área de trabajo de 600 por 300 milímetros. El accesorio de cinta transportadora extiende el eje Y hasta 3 metros.

Es una máquina con un conjunto completo de sensores y cámaras, más algoritmos de movimiento afinados que vienen prestados de las impresoras 3D de la marca, todo puesto ahí para que la experiencia de uso resulte lo más llevadera posible. Eso y un conjunto de comodidades son lo que separa al R1 de una máquina de CO2 básica.

Al momento del lanzamiento, el R1 funciona únicamente con el software Bambu Suite, disponible para Windows y macOS.

Desembalaje y puesta en marcha

El R1 es grande y pesado. Pesa 33,5 kilos y es demasiado voluminoso para armarlo solo, así que conviene tener a alguien que ayude con el desembalaje.

Bambu pensó ese proceso. Igual que con sus impresoras 3D, la caja está diseñada en dos piezas, con la tapa que se levanta fácil para dar acceso al contenido. Desde ahí, entre dos personas hay que subir la máquina a una mesa de trabajo.

Dejar el R1 listo para el primer corte también resulta simple. Hay que sacar algunos trozos de cinta y un puñado de tornillos antes de poder encender. Después, la pantalla LCD integrada guía la puesta en marcha y la calibración. Hay que llenar el depósito de refrigerante del tubo de CO2 con la proporción correcta de agua destilada y anticongelante, pero la mayor parte de la calibración es completamente automática, alineación del láser incluida.

¿Por qué la alineación automática cambia tanto las cosas?

El haz llega desde el tubo de CO2 hasta la pieza a través de una serie de espejos. Todos esos espejos tienen que quedar bien alineados y, en la mayoría de las máquinas, esa alineación se hace a mano, girando tornillitos para ajustar el ángulo de cada espejo, en secuencia, hasta dar con el punto. Es una lata considerable.

El R1 resuelve ese proceso por su cuenta. Basta con enganchar una pequeña herramienta magnética de alineación y la máquina se encarga del resto. En la unidad probada funcionó perfecto, tomó un par de minutos y no hubo que hacer nada más que poner esa herramienta.

Los procesos de alineación manual son tan engorrosos que espantan a muchos usuarios, y con el R1 ese problema desaparece.

El software es el punto débil

Por ahora el R1 solo es compatible con Bambu Suite, que es un software distinto de Bambu Studio, el que se usa con las impresoras 3D de la marca. Quien tenga una impresora de la serie H con láser probablemente ya lo conoce. Hackster ya había escrito sobre Bambu Suite en julio de 2025, al reseñar el Bambu Lab H2D Laser Combo, y desde entonces cambió poco.

Bambu Suite funciona bien en lo básico. Cumple las funciones que debe, es confiable y resulta intuitivo en casi todo. Las dos quejas de la reseña apuntan a la vista de cámara sobre el lienzo y a los ajustes de proceso.

Bambu Suite trabaja en dos etapas. En la primera se crea o se importa el diseño en el lienzo. En la segunda se ubica y se acomoda el diseño sobre el material, usando la vista de la cámara.

El problema de ese esquema es que no deja usar la vista de cámara como ayuda visual mientras se crea el diseño. Si alguien quiere grabar un rectángulo en un marco de fotos, desplazado respecto del borde, una vista de cámara en el lienzo permitiría hacerlo en segundos. Como no la hay, toca medir el marco y calcular las dimensiones del rectángulo a partir de eso. Todos los demás programas de láser tienen esa función.

Existe una herramienta que analiza la vista de cámara y extrae bordes para llevarlos al lienzo, útil en varios escenarios, aunque no reemplaza a la vista de cámara en la primera etapa.

Sobre los ajustes de proceso, la queja es más simple. Faltan controles. En la prueba no apareció ninguna opción para bajar en Z entre pasadas. Al cortar espuma gruesa para una caja de herramientas, la parte de arriba quedó bien y la de abajo quedó mal, algo que un escalonamiento entre pasadas habría resuelto.

Las dos quejas son fáciles de resolver para Bambu Lab, según la reseña, que espera que la empresa las aborde porque el propio R1 demuestra que se está tomando el láser en serio. Todos los reparos apuntan al software, y el hardware queda fuera de discusión.

Rendimiento y lentes

Los 55 vatios son una cifra sana para una máquina de CO2 de escritorio. Alcanza de sobra para cortar terciado, MDF y acrílico, que son los materiales a los que mejor le calza el CO2. Para otros materiales, sobre todo metales, hay que mirar otros tipos de láser.

Lo que sorprendió en la prueba fue la calidad de grabado. El R1 admite tres lentes distintas, S corta, M media y L larga, que se diferencian en cuánto cierran el haz en un punto.

LenteTamaño del punto
S (corta)0,11 mm
M (media)0,17 mm
L (larga)0,19 mm

La S funciona mejor para cortar material delgado y para grabar, mientras que la L rinde mejor con material grueso, porque tiene un rango más largo en el que corta bien. Bambu Lab envió solo la lente S para la prueba, así que todo el testeo se hizo con ella. No es la mejor para material grueso, lo que quedó demostrado con la espuma de la caja de herramientas, pero graba líneas finas y nítidas. Los láser de CO2 suelen considerarse toscos y acá el grabado impresionó.

Sensores y precisión

Esa calidad también viene del sistema de sensores, que clava el foco sin esfuerzo del usuario. Además del telémetro láser para el enfoque automático, hay un sistema de doble encoder para la exactitud de posicionamiento.

Hay también un tablero de calibración basado en visión para el posicionamiento, parecido a la placa de calibración de las impresoras 3D de Bambu Lab. Las cámaras miran ese tablero y ayudan al R1 a determinar cómo se mueve de verdad frente a cómo cree que se mueve, de modo de compensar si hay diferencia entre ambas cosas.

Bambu Lab declara que con el Vision Encoder la exactitud de movimiento absoluto queda dentro de 0,1 milímetros sobre 600 milímetros.

Más allá del rendimiento, hay sensores para vigilar la salud de la máquina y la seguridad. El R1 detecta si el refrigerante del tubo está bajo o si el tubo se calentó demasiado. También detecta fuego y activa el extintor automático, que es un accesorio aparte.

Sellado y ventilación

Una de las razones principales para comprar una máquina de CO2 es cortar acrílico, y el acrílico huele pésimo al cortarse con láser. Lo habitual es que el olor quede dando vueltas días en la pieza.

Con el R1 eso no ocurrió, porque el sellado del encerramiento es muy bueno. El ventilador de extracción integrado y el purificador con filtro externo se hacen cargo de los humos, y el sellado impide que escapen antes de pasar por ahí. La pantalla del R1 incluso recuerda mantener la tapa cerrada entre 30 y 60 segundos después de que termina un trabajo, para que alcance a filtrar todo el aire de adentro.

¿Qué aportan la base elevadora y la cinta?

Estos dos accesorios importan para cortar o grabar cosas grandes, cualquier cosa por sobre los 600 por 300 milímetros de la cama. La base elevadora es requisito para usar la cinta transportadora, aunque la cinta no es requisito para usar la base.

Quien solo quiera trabajar con material grueso en el eje Z puede quedarse con la base elevadora. De yapa, esa base trae puertas de acceso al frente y al costado, lo que facilita meter material y hasta introducir el extremo de un objeto grande.

Para alimentar material largo, como una plancha de terciado de 2 por 4 pies, hacen falta la base elevadora y la cinta. Llegan en piezas y hay que armarlas. No es difícil, pero conviene reservar cerca de una hora para el armado completo, más una segunda persona para levantar el R1 y montarlo sobre la base.

La prueba de la cinta se hizo con un trozo de cartón, y el alimentado automático funcionó como corresponde. Antes de grabar, incluso tira el material entero para hacer un escaneo completo de la imagen y así permitir posicionar el diseño. Los brazos de apoyo tienen rodillos arriba, el material se desliza fácil sobre ellos y se sacan con un par de tornillos de mariposa cada uno.

La combinación de base elevadora y cinta es lo que vuelve práctico el trabajo de formato grande con el R1. Los usos que menciona la reseña son letreros y cajas de acrílico de buen tamaño, y piezas de mueble en terciado.

Hay una advertencia. La base elevadora afecta ese sellado del encerramiento, con lo que el humo y los gases tienen más probabilidad de filtrarse hacia afuera. Conviene evaluar si la cinta y la base hacen falta de verdad antes de comprarlas por impulso.

Con qué compite

Hay bastantes máquinas láser de CO2 de escritorio en el mercado. Según la reseña, la mayoría son relativamente genéricas, y algunos modelos como la K40 lo son del todo. Esa K40 fue, de hecho, la primera máquina de CO2 que tuvo quien firma la prueba, hace casi una década.

Entre los modelos que destacan, la xTool P2S aparece como la competencia más cercana del R1. Tiene un área de trabajo parecida, funciones parecidas y también un tubo de CO2 de 55 vatios. Incluso ofrece base elevadora y alimentador automático por cinta, igual que el R1.

Hackster no probó la P2S, así que no hace la comparación directa, pero sí probó varias otras máquinas de xTool y las considera de lo mejor del mercado de consumo. xTool ya está establecida en ese mercado y Bambu Lab recién llega. Lo que la reseña sí afirma con seguridad es que xTool Studio es mejor que Bambu Suite hoy.