Cuatro chips de IA de Google van rumbo a la órbita baja terrestre la próxima semana, a bordo de un satélite prototipo. Es la primera prueba en condiciones reales de Project Suncatcher, la iniciativa de largo plazo con la que la empresa quiere averiguar si el espacio puede alojar infraestructura de cómputo de inteligencia artificial a gran escala.
El prototipo despega en la misión compartida Transporter-18 de SpaceX y se desarrolló junto a la empresa aeroespacial Planet. Travis Beals, director sénior de Google Research, explicó que el lanzamiento busca mostrar qué funciona, detectar los puntos de falla y orientar las misiones siguientes. No pretende demostrar el concepto completo de una sola vez.
¿Por qué llevar chips de IA al espacio?
Project Suncatcher se anunció el año pasado. Explora si satélites equipados con las Tensor Processing Units de Google podrían aprovechar la luz solar casi constante de la órbita baja. Según la empresa, un satélite ubicado ahí puede generar hasta ocho veces más energía solar que un panel equivalente en tierra.
La meta final es enlazar varias constelaciones de satélites para que procesen en conjunto cargas de trabajo de IA más grandes.
Sobrevivir al viaje
Antes de calcular algo útil en órbita, un chip tiene que llegar entero. El ascenso a la órbita baja dura cerca de 10 minutos y somete a la nave a vibraciones intensas y a fuerzas sostenidas de hasta 10 veces la gravedad. Algunos componentes soportan por instantes entre 50 y 100 veces esa fuerza.
Google sacudió un satélite de prueba en los tres ejes para imitar las frecuencias del lanzamiento, y el hardware resistió mejor de lo esperado. Por separado, la empresa expuso sus chips TPU Trillium a un haz de protones en el Crocker Nuclear Laboratory de UC Davis mientras ejecutaban cargas de IA. Midió cómo afectaban al rendimiento los errores inducidos por radiación, los llamados bit flips. Los chips habrían soportado una dosis total de radiación mayor que la que absorberían en una misión de cinco años en el espacio.
¿Cómo se enfría un chip sin aire?
El espacio plantea un problema de refrigeración que un centro de datos en tierra nunca enfrenta. Las TPU generan mucho calor en un área pequeña, y en órbita no hay aire que se lo lleve, así que los radiadores son prácticamente la única opción. Google prueba una combinación de heat pipes y radiadores, verificada hasta ahora dentro de una cámara de vacío térmico que reproduce la temperatura y el vacío del espacio.
Satélites enlazados por láser
Las versiones futuras del sistema llevarían decenas de chips TPU en cada satélite, con grupos que se comunican por láser en vez de radio. Eso exige un ancho de banda muy alto en distancias muy cortas, una demanda distinta a la de la mayoría de los enlaces láser satelitales que existen hoy.
Google comparó la precisión necesaria con acertarle a un blanco del tamaño de una moneda desde varios kilómetros de distancia, con el emisor y el blanco en movimiento. La empresa planea probar en 2027 dos satélites equipados con ese enlace láser.
No es la única apuesta
Google no es la única empresa que mira hacia la infraestructura de IA en órbita. Starcloud puso en el espacio una GPU Nvidia H100 en noviembre de 2025, y SpaceX convirtió este año el cómputo de IA espacial en una pieza central de su propuesta de negocio.




