Elon Musk presentó el primer diseño detallado del satélite AI1 de SpaceX en un video de 30 minutos publicado en la cuenta de la compañía en X. Se trata de la generación inicial de una nave orbital que SpaceX quiere construir por millón de unidades para correr cargas de IA fuera de la red eléctrica terrestre.

Con un payload de cómputo de 150 kW de pico desplegado sobre una envergadura de 70 metros, la nave usa un diseño de hardware intercambiable que permite que distintos fabricantes de chips suministren los procesadores. El timing del anuncio no es casual: llegó tres días antes del IPO de SpaceX, fijado para precio el 11 de junio y comienzo de cotización el 12 de junio, con una valoración objetivo cercana a los USD 1,75 billones.

¿Qué hay exactamente adentro de AI1?

En el anuncio, Musk fijó el payload de cómputo del satélite en aproximadamente el consumo de un solo rack Nvidia GB300, que en tierra tira cerca de 140 kW. Es decir: un AI1 equivale, en términos de cómputo, a un rack en órbita. En las especificaciones generales, SpaceX divulgó un payload de cómputo promedio de 120 kW, un pico de 150 kW y una densidad de 70 kW por tonelada, con la nave operando a aproximadamente 600 kilómetros de altura.

Un satélite con esas especs implica requisitos de espacio serios: su envergadura desplegada de 70 metros supera por poco los 68,4 metros de un Boeing 747-8. La interchangeabilidad del cómputo, en tanto, deja la plataforma abierta a cualquier proveedor que entregue el silicio de IA más competitivo, sin atarse a un único supplier.

Ese diseño no es casual para Musk. SpaceX, por ahora, no puede garantizar su propio suministro de chips. La empresa está construyendo Terafab, una fábrica de chips operada como joint venture con Tesla, mientras su propio formulario S-1 del IPO advierte que actualmente no puede asegurar suficientes chips.

¿Y el calor? El elefante en la habitación

Dejando eso de lado, el elefante en la habitación es el enfriamiento. Un rack en la Tierra disipa calor hacia aire en movimiento y agua circulante, ninguno de los cuales existe en el vacío del espacio, donde la única ruta viable es radiarlo como infrarrojo. AI1 incluye hasta 110 m² de radiadores líquidos desplegables, además de bucles de bombeo redundantes y blindaje integrado contra micrometeoritos.

Para tener escala: el EATCS de la Estación Espacial Internacional rechaza aproximadamente 70 kW de calor (alrededor de la mitad de lo necesario para enfriar un rack GB300 de 140 kW) a través de 422 m² de radiador, con un costo de hasta USD 500 millones, según SemiAnalysis.

Musk ya había desestimado críticas térmicas previas. Le dijo a SpaceNews en marzo que "se puede decir con seguridad que SpaceX sabe cómo hacer rechazo de calor en el espacio", apuntando a la flota de más de 10.000 satélites Starlink de la compañía. La comparación se queda corta: Starlink opera en el rango de 1-3 kW por satélite, dos órdenes de magnitud menos que lo que pide AI1.

¿Qué tan en serio va esto?

SpaceX presentó un trámite ante la FCC en enero para lanzar hasta un millón de satélites-datacenter orbitales y ya firmó acuerdos de cómputo, incluyendo un contrato de USD 920 millones por mes con Google. El modelo tiene escépticos prominentes: Sam Altman, CEO de OpenAI, calificó los datacenters orbitales como "ridículos" a principios de este año.

La duda mayor sigue siendo si la economía cierra. La depreciación viene incorporada desde el día uno: los satélites tendrían que desorbitarse después de algunos años, sin opción de ser reparados, actualizados ni preservados. Una cantidad importante de aceleradores caros terminando incinerados en la reentrada.

¿Y por qué órbita en lugar de tierra?

Las defensas que esgrimen los partidarios apuntan a tres ejes: escalabilidad casi infinita, ausencia de comunidades que protesten contra los datacenters, y la intensidad solar superior fuera de la atmósfera, que puede iluminar paneles el 99% del tiempo si se elige la órbita correcta. SpaceX afirma un arreglo solar de 150 kW a 250 W/m², en superficies que rondan los 600 m².

Si los números cierran con la flota terminada, AI1 podría agregar cómputo de IA sin esperar transformadores, switchgear ni colas de interconexión a la red eléctrica. Esos plazos terrestres corren entre tres y siete años, son uno de los cuellos de botella más mencionados por los hyperscalers, y AI1 es el primer intento serio de saltearlos. Si no cierran, el resultado es chatarra técnica orbital cara que termina ardiendo en la atmósfera al final de su vida útil.