Arm Holdings, creadora de la arquitectura ARM que utilizan Qualcomm, Apple y la mayoría de los fabricantes de chips móviles, enfrenta una investigación antimonopolio de la Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos. Según informó Bloomberg, los reguladores quieren determinar si la compañía británica está monopolizando su propia arquitectura, ya sea entregando a clientes diseños de menor calidad para favorecer a su silicio propio o derechamente negándoles el acceso a las licencias.

La pesquisa llega después de que Arm lanzara su propia CPU para AGI orientada a centros de datos en marzo de 2026, un giro radical para una empresa cuyo negocio histórico fue licenciar diseños a terceros y no fabricarlos.

¿Qué desencadenó la investigación?

El conflicto legal de Arm comenzó cuando la firma demandó a Qualcomm, el mayor fabricante mundial de chips para smartphones, por usar las licencias ARM de Nuvia tras adquirir esa startup en 2022. Arm sostuvo que Qualcomm debía haber tramitado una licencia nueva para continuar usando los diseños de Nuvia.

El tribunal falló en favor de Qualcomm, lo que le permitió seguir produciendo sus núcleos Oryon heredados de Nuvia. El veredicto rompió una relación histórica entre ambas empresas y desató una campaña global de Qualcomm contra Arm. Qualcomm presentó denuncias ante la Comisión Europea, la FTC estadounidense y la Comisión de Comercio Justo de Corea del Sur. Esta última allanó las oficinas de Arm en Seúl en noviembre de 2025.

¿Por qué importa que Arm fabrique silicio propio?

Mientras el x86 mantiene la ventaja en escritorios y notebooks, esa ventaja se erosiona lentamente frente al Apple Silicon basado en ARM y los Snapdragon serie X de Qualcomm. En móviles, en cambio, Arm tiene el mercado capturado: Apple, Qualcomm, Samsung, MediaTek y prácticamente todos los fabricantes usan su arquitectura. Algunos analistas estiman que más del 90% de los procesadores custom para servidores de IA correrán bajo arquitectura ARM hacia 2029.

Que Arm comience a fabricar y vender sus propios chips de centro de datos pone nerviosos a sus propios clientes. La empresa no presentó (aún) un procesador para consumo masivo, por lo que evita el choque frontal con Apple o Qualcomm en sus segmentos principales. Pero la expansión a silicio físico abre la puerta a que Arm aproveche la popularidad de su arquitectura para imponer condiciones desiguales y limitar la competencia.

¿Qué efecto tiene en América Latina?

Para integradores chilenos y latinoamericanos, una resolución antimonopolio puede tener efectos asimétricos. Los servidores ARM ya empiezan a aparecer en distribuidores especializados (Ampere Altra, AWS Graviton vía marketplace) con precios que rondan los USD 5.000 a 12.000 por servidor según configuración. Si la FTC fuerza a Arm a separar su negocio de licenciamiento del de silicio propio, el ecosistema podría reorganizarse y los precios de los SoCs ARM custom podrían caer entre 15% y 20% en el mediano plazo. Si gana Arm, la concentración aumenta.

¿Qué viene a continuación?

La FTC todavía no presentó cargos formales. La etapa actual es exploratoria: citaciones a clientes y revisión de contratos de licencia. La empresa tampoco respondió públicamente, aunque mantiene la postura de que su entrada al silicio de servidores no compite con la base instalada de licenciatarios.