La ronda se anunció el lunes y dejó a Cornelis con 205 millones de dólares, aportados por un grupo de inversionistas que lideró IAG Capital Partners. La empresa fabrica tecnología de red para que los chips de IA se comuniquen de manera más eficiente entre sí, y con ese dinero apunta a un pedazo del negocio que hoy domina Nvidia.
En el mismo anuncio presentó un producto al que llama Active Compute Fabric. El blanco es un desperdicio conocido en los centros de datos de IA, el tiempo de GPU que se va esperando que lleguen los datos. La propuesta de Cornelis es un tejido de red que le permite al chip procesar y enviar información al mismo tiempo, en vez de alternar entre una cosa y la otra.
La apuesta por la arquitectura abierta
Cornelis se escindió de Intel en 2020 y compite con Nvidia ofreciendo una arquitectura abierta. Eso significa que el cliente puede usar GPU y aceleradores de distintos fabricantes sobre el mismo tejido de red de Cornelis.
Ahí está el matiz que explica la dificultad del desafío. Los chips de Nvidia técnicamente pueden correr sobre otros tejidos de red, pero están optimizados para el software de la propia Nvidia, lo que le hace bastante más fácil y más atractivo al cliente quedarse con el stack completo de GPU de la marca. Cornelis forma parte de una camada nueva de empresas de infraestructura de IA que están apareciendo para desarmar el dominio de mercado de Nvidia por partes.
La empresa ya empezó a despachar su producto y trabaja en una generación nueva, prevista para más adelante este año.




