Tesla comenzó a probar en las calles de Austin, Texas una versión de producción del Cybercab, el robotaxi biplaza que la compañía presentó a fines de 2024 y que carece de volante y de pedales. La prueba se realiza por ahora con un safety monitor sentado en el asiento del acompañante, según un video publicado por Tesla en X.

¿Qué se está probando exactamente?

El Cybercab es un vehículo biplaza pensado para operar como robotaxi que se pide desde la app de Tesla. Este es el primer test público de una unidad de producción sin controles manuales; hasta ahora las pruebas se hacían con prototipos que sí tenían volante y pedales. El video muestra al vehículo circulando en tráfico real con un empleado de seguridad monitoreando desde el asiento del acompañante, no como conductor de respaldo (no puede serlo, no hay volante) sino como observador que puede pedir intervención remota o accionar botones de emergencia.

Casi dos años pasaron desde el reveal del diseño en el evento We, Robot de octubre de 2024. Hace un año Tesla ya venía operando su servicio Robotaxi en Austin con Model Y SUV modificados, a veces también con safety monitor. Las últimas semanas la compañía ha estado probando prototipos del Cybercab con volante y pedales en varias ciudades del país, y estacionando cientos de unidades en playas de estacionamiento, lo que alimentó especulación sobre un despliegue masivo inminente.

El cambio regulatorio que le abre la puerta

Uno de los obstáculos legales está por caer. La semana pasada la NHTSA (National Highway Traffic Safety Administration) reveló una propuesta que eliminaría el requisito de pedales de freno en "vehículos diseñados para ser operados exclusivamente por sistemas de conducción automatizados". La propuesta está aún en período de comentario público, pero se espera que avance dentro del año. Con esa regla vigente, el Cybercab tal como fue mostrado, sin volante y sin pedales, deja de ser una anomalía regulatoria.

Tesla vs Waymo: la apuesta a cámaras

Musk y otros ejecutivos de Tesla vienen argumentando que pueden ganarle al líder actual del sector, Waymo, por dos razones principales. Primero, Tesla construye tanto el vehículo como el software de conducción, lo que le da mayor control sobre costos unitarios que a Waymo, que depende de partnerships con marcas como Jaguar y Zeekr para los autos. Segundo, Tesla apuesta a lograr autonomía solo con cámaras (visión pura), mientras Waymo usa una suite mucho más compleja que incluye LiDAR, radar y cámaras.

La apuesta a cámaras solamente es también la más cuestionada técnicamente. Un stack con solo cámaras es más barato de producir, pero el debate en la industria de vehículos autónomos sigue abierto sobre si es suficientemente robusto para lidiar con niebla, lluvia intensa, oscuridad o reflejos que sí se resuelven con LiDAR y radar redundantes.

Lo que muestra el track record

Tesla y Musk llevan años prometiendo un vehículo totalmente autónomo, y a la fecha no han desplegado uno a escala. Lo más cerca está el servicio robotaxi de Austin, que ha oscilado en tamaño desde su lanzamiento. Algunos vehículos estuvieron involucrados en choques menores, y al menos dos fueron causados por teleoperadores remotos, según reportó la propia Tesla en mayo.

Del lado de Waymo el récord tampoco es limpio. Los robotaxis del Alphabet no pueden circular en autopistas porque tuvieron problemas maniobrando en zonas de construcción, lo que llevó a un recall (que no arregla el problema, solo evita autopistas). Otro recall se debió a problemas para evitar zonas inundadas durante lluvias fuertes. Y hay una investigación abierta por comportamientos ilegales alrededor de buses escolares.

Los problemas de Tesla en Austin han pasado más desapercibidos porque el fleet actual usa Model Y muy poco modificados; se confunden con el tráfico. Los I-Pace SUV sensor-repletos de Waymo y las nuevas vans Zeekr celestes son mucho más fáciles de identificar cuando algo sale mal.

¿Qué cambia con el Cybercab en la calle?

Rodar Cybercabs biplaza de color dorado por Austin vuelve muchísimo más visible al fleet de Tesla, tanto los éxitos como las fallas. Es una apuesta política además de operativa: la compañía necesita mostrar volumen y estabilidad para justificar los años de promesa incumplida, y al mismo tiempo entrega a la prensa y a la NHTSA un objeto físico distinto del auto común, más difícil de esconder cuando algo falla.