Bajarse de un taxi no debería ser una experiencia vergonzosa. Y sin embargo me encuentro particularmente incómodo al salir de un Tesla Cybercab mientras bloquea parcialmente un camino angosto afuera de una popular piscina natural de Austin. Mientras un grupo de cazadores de estacionamiento texanos, molestos y transpirados, se acumula alrededor, el biplaza pintado de dorado simplemente se queda ahí, ajeno, con las luces parpadeando.
El Cybercab de dos plazas, largamente anunciado por Tesla, ya ofrece oficialmente viajes pagados en Austin, Texas, y la experiencia, hasta ahora, se siente en partes iguales inquietante y tranquilizadoramente aburrida, muchas veces al mismo tiempo. The Verge pasó cerca de una hora en el vehículo, recorriendo un área delimitada de unas 288 millas cuadradas, es decir alrededor de 746 kilómetros cuadrados de la capital texana.
En su mejor versión, el servicio ofrece una de las visiones más claras hasta ahora de un futuro cercano donde los vehículos autónomos se sienten menos como una adaptación de los autos que conocemos y más como salones autónomos diseñados desde cero, sin volante ni pedales. Pero las esperas largas, los problemas reportados con las puertas mariposa y los puntos de bajada que provocan tacos enturbian el panorama.
Y aunque nada salió gravemente mal durante mis viajes, el software de conducción autónoma tampoco se sintió tan seguro de sí mismo como uno querría en un auto sin controles manuales. Se parecía más a un adolescente algo volado: frenaba con nerviosismo, oscilaba indeciso entre pistas y parecía dudar de algunas de sus propias decisiones.
¿Cuánto hay que esperar por un Cybercab?

Los Cybercab son difíciles de no ver, con su ostentoso color dorado, su estética de Blade Runner y sus tapas de rueda tipo plato. Según el Departamento de Vehículos Motorizados de Texas, hay 45 Cybercabs registrados en el estado.
Pedí mi primer viaje desde la aplicación Robotaxi de Tesla alrededor de las 18:00 de un viernes. Menos mal que no tenía que estar en ningún lado. La aplicación indicaba más de una hora de espera para un viaje de menos de dos millas que costaba 15 dólares, aunque la espera real fue de unos 45 minutos. Las dos esperas siguientes fueron de unos 40 y 25 minutos, respectivamente. En cuanto al precio, las tarifas rondaron las de un Uber básico típico, entre 15 y 21 dólares en tres viajes.
Cómo es por dentro

Como alguien con un historial poco feliz con las puertas del Model Y, agradecí que el Cybercab permita abrir las puertas tipo mariposa tocando un botón en la aplicación móvil. Varios pasajeros reportaron que esas mismas puertas se abren tan rápido que terminan golpeándolos, aunque yo nunca tuve ese problema.
El interior, una sola fila de dos asientos separados por un portavasos, se siente espacioso para transporte público pero apretado para un auto particular. Ayuda algo el espacio extra para las piernas donde irían el volante y los pedales. Es un interior minimalista de tela gris, salvo por una pantalla táctil central enorme. Esa pantalla funciona como centro de mando y muestra una representación 3D en tiempo real del viaje, incluidos autos y peatones alrededor. También es la forma de iniciar el trayecto. Una vez en marcha, se convierte en centro de entretenimiento: vinculé mis cuentas de Spotify, Netflix y YouTube, y probé la aplicación Arcade integrada con un control de PlayStation externo.
Tampoco hay espejos, lo que hace que la carcasa en forma de gota, ya de por sí cerrada, se sienta todavía más encapsulada. Para alguien acostumbrado a mirar los espejos de manera inconsciente al conducir, que se los quiten se siente como perder de golpe la visión periférica.
¿Qué falla realmente?
El primer viaje tomó unos 15 minutos. Casi de inmediato se encendieron los limpiaparabrisas, pese a que era un día soleado de 35 °C. Y esa no fue la única rareza. Aproximadamente a mitad de camino, el Cybercab cruzó un paso bajo nivel hacia el centro, una ruta que tomo casi todos los días. En vez de mantenerse en la pista para seguir derecho, se cambió a una que lo habría obligado a doblar a la izquierda hacia la autopista. Se corrigió, pero no antes de que pasaran varios autos.
Cuando no está dudando de sí mismo, el andar del Cybercab se siente gratamente suave. El vehículo es ágil y cómodo a la vez. Como comparación rápida, pedí un Waymo para volver a casa y sentí que, puramente desde el punto de vista del confort, el Cybercab llevaba una ventaja notoria: espacio para las piernas, calidad de marcha, simplicidad de la aplicación y opciones de entretenimiento a bordo.
Lo más preocupante son los puntos de bajada, a ratos insólitos. Varios pasajeros publicaron videos durante el fin de semana del taxi deteniéndose en medio de calles concurridas, en algunos casos sin siquiera acercarse a la vereda. No son los errores masivos de cierre de pistas que han ocurrido con otros vehículos autónomos, pero son lo bastante torpes y frecuentes como para llamar la atención. Tampoco ayudan a ganarse a los demás conductores, la mayoría de los cuales todavía se siente incómoda cerca de autos sin conductor.
Otra controversia regulatoria
Como es habitual en Tesla, el Cybercab ya está en problemas. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) abrió una consulta de auditoría casi inmediatamente después de que comenzaran los viajes pagados, para examinar cómo Tesla autocertificó que un auto sin volante ni pedales cumple con los Estándares Federales de Seguridad de Vehículos Motorizados.
Competidores como Zoox, cuyos vehículos también carecen de esos controles convencionales, enfrentaron una auditoría similar hace años antes de finalmente solicitar y recibir una exención formal. Tesla siguió adelante con el despliegue del Cybercab sin pedir esa exención. La NHTSA respondió a The Verge que no comenta investigaciones activas, y Tesla no respondió a una solicitud de comentarios.
Las próximas semanas y meses en Austin podrían determinar qué tan rápido puede expandirse la visión del Cybercab. Musk dice que pretende crecer a nivel nacional, y ya se han visto vehículos en Orlando y estacionados afuera del Aeropuerto Internacional de Miami.




